La era cuántica comienza: Trump firmó dos decretos que cambian las reglas del juego tecnológico mundial
¿Qué es la computación cuántica, por qué Estados Unidos acaba de blindarla como prioridad nacional y qué puede hacer América Latina antes de que el tren pase?
Hay tecnologías que primero suenan a ciencia ficción, luego a promesa de laboratorio, y un día amaneces y ya son política de Estado. La computación cuántica acaba de cruzar esa línea.
Este lunes 22 de junio de 2026, el presidente Donald Trump firmó dos decretos ejecutivos dedicados exclusivamente a la tecnología cuántica. No es un gesto simbólico. Es una declaración de guerra tecnológica: Estados Unidos quiere desarrollar la primera computadora cuántica lo suficientemente poderosa para inaugurar una era de descubrimiento científico acelerado y aplicaciones comerciales. The White House
Pero antes de entender por qué eso importa, hay que entender qué es una computadora cuántica.
Explícame esto como si tuviera doce años
Una computadora normal, la de tu escritorio o la de tu teléfono, trabaja con bits. Un bit es como un interruptor de luz: está encendido (1) o apagado (0). Todo lo que hace tu computadora, desde reproducir un video hasta procesar una transferencia bancaria, es una secuencia larguísima de esos unos y ceros.
Una computadora cuántica trabaja con qubits. Y un qubit puede estar encendido, apagado, o en ambos estados al mismo tiempo. Eso se llama superposición, y es el truco que lo cambia todo. Cuando tienes miles de qubits en superposición, puedes explorar millones de soluciones posibles a un problema en paralelo, en lugar de probarlas una por una como haría una computadora clásica.
La analogía más honesta es esta: si tuvieras que encontrar una llave específica en un estadio lleno de llaves, una computadora clásica las revisaría una a una. Una cuántica puede, en cierta forma, revisar todas al mismo tiempo.
Resultado: problemas que hoy tomarían miles de años en resolverse, una computadora cuántica madura podría resolverlos en minutos.
¿Y para qué sirve eso en la vida real?
Aquí es donde la cosa se pone interesante para empresas, gobiernos y ciudadanos comunes.
En medicina, los investigadores podrían simular cómo se comporta una molécula a nivel atómico para diseñar medicamentos nuevos, algo que hoy toma décadas y miles de millones de dólares en pruebas. El diseño de nuevos fármacos mediante simulaciones moleculares cuánticas podría reducir años de investigación y millones de dólares en costos.
En finanzas, bancos y fondos de inversión están explorando algoritmos cuánticos para optimización de carteras, análisis de riesgos y detección de fraudes, problemas de optimización combinatoria donde los sistemas cuánticos pueden ofrecer ventajas competitivas significativas.
En logística, imagina recalcular en segundos la ruta óptima para una flota de miles de camiones considerando tráfico, clima, consumo de combustible y disponibilidad de choferes, todo al mismo tiempo.
Y en ciberseguridad, el asunto tiene dos caras. Por un lado, una computadora cuántica suficientemente avanzada podría romper los sistemas de cifrado que hoy protegen tus contraseñas bancarias y las comunicaciones de los gobiernos. Por el otro, la misma física cuántica permite construir sistemas de seguridad prácticamente inviolables.
Ese segundo punto explica mucho sobre lo que Trump.
Qué firmó Trump exactamente
Fueron dos decretos distintos con objetivos complementarios.
El primero pone el acelerador al desarrollo cuántico dentro de Estados Unidos. El objetivo es impulsar el desarrollo de máquinas «comercialmente relevantes» antes de que termine su mandato, con el Departamento de Energía, el Pentágono, el Departamento de Comercio y la NASA trabajando en coordinación. Se crean institutos de formación de talento cuántico, se exige fortalecer las cadenas de suministro domésticas, y se reconstituyó el Comité Asesor Nacional de Iniciativa Cuántica.
El segundo decreto es más urgente en tono: requiere que las redes civiles federales adopten cifrado resistente a ataques cuánticos con un plazo más acelerado que el anterior de 2035. En la práctica, el gobierno de EE.UU. le está diciendo a sus propias agencias: prepárense ya, porque cuando llegue una computadora cuántica capaz de romper la seguridad actual, no queremos ser los que estén desprotegidos.
La orden también protege la investigación cuántica de espionaje extranjero, con directivas específicas para el FBI y la comunidad de inteligencia. No es paranoia: China lleva años invirtiendo agresivamente en esta tecnología, y el campo cuántico es pequeño, concentrado en pocas universidades y laboratorios, lo que lo hace especialmente vulnerable.
La lectura política es clara. Washington ha comunicado dos cosas: que Estados Unidos tiene la intención de construir los sistemas cuánticos más capaces del mundo, y que tiene la intención de defender la infraestructura y los datos que esos sistemas pueden comprometer.
¿Y América Latina dónde queda en todo esto?
Aquí viene la parte que más debería importarle a quienes leen Estamos en Línea.
La buena noticia es que el mapa cuántico todavía no está dibujado. A diferencia de lo que pasó con el internet o con la nube, donde América Latina llegó tarde y tuvo que adaptarse a reglas que otros ya habían escrito, en computación cuántica la partida acaba de comenzar.
La inversión global en computación cuántica creció 50% interanual, pasando de 1.300 millones de dólares en 2023 a 2.000 millones en 2024, y el número de startups cuánticas aumentó 42% en el mismo período.
Y la región no está dormida. Universidades como UNICAMP en Brasil, la PUC Chile y la UNAM en México lideran investigación mediante IBM Quantum Experience, que ofrece acceso gratuito a computadoras cuánticas en la nube. Eso significa que un investigador en Caracas, Bogotá o Ciudad de México puede experimentar con hardware cuántico real sin necesidad de construir un laboratorio de decenas de millones de dólares.
También hay movimiento comercial. En 2025, NTT DATA y Kipu Quantum firmaron una alianza específicamente diseñada para llevar la computación cuántica a la industria latinoamericana, con bancos, aseguradoras, logística y retail como sectores objetivo.
Pero hay un problema serio que no conviene ignorar. El 71% de las organizaciones identifica la brecha de habilidades como una barrera importante para adoptar esta tecnología. En la región, esa brecha es aún más pronunciada: hay interés creciente, pero poca formación especializada. El acceso a sistemas y a educación es el principal desafío de Latinoamérica frente a esta tecnología, según el propio líder de negocio cuántico de IBM para la región.
Entonces, ¿qué puede hacer la región concretamente?
Lo más urgente no es construir una computadora cuántica. Es prepararse para vivir en un mundo donde existan.
Eso significa tres cosas prácticas. Primero, las empresas que manejan datos sensibles, bancos, telecomunicaciones, operadoras de salud, necesitan empezar a evaluar su infraestructura de seguridad. Los estándares de cifrado actuales tienen fecha de caducidad cuántica.
Segundo, las universidades y centros de formación técnica tienen una ventana corta para incorporar física cuántica y algoritmia cuántica en sus currículos. El talento que se forme en los próximos tres años tendrá una ventaja laboral enorme.
Tercero, los gobiernos de la región necesitan entender que los decretos de Trump no son solo noticias de Washington. Son una señal de que el acceso a tecnología cuántica, sus herramientas, sus mercados, sus alianzas, puede convertirse en un elemento de geopolítica tecnológica tan relevante como lo fue el acceso a semiconductores o a redes 5G.
Las decisiones que gobiernos, universidades y corporaciones latinoamericanas tomen en los próximos 24 meses sobre infraestructura, talento y alianzas internacionales determinarán si la región participa como socio o queda relegada a consumidora de tecnología desarrollada en otro lugar.
La era cuántica no empieza cuando alguien en Silicon Valley lo anuncie en un keynote. Empezó, con la firma de dos decretos en el Despacho Oval. La pregunta para América Latina no es si esta tecnología va a cambiar el mundo. Ya lo está haciendo. La pregunta es si vamos a ser protagonistas o espectadores.

